Javier M. Huberman

La caida del muro de Berlin y la nueva generacion

Articulo publicado en la revista Vida Feliz

En muchas ocasiones recibo consultas de padres con hijos adolescentes que se sienten sin capacidad para dirigirlos y orientarlos.

Describen que tienen problemas escolares, que están por repetir el año, que el año anterior fue igual y que se llevan muchas materias, que no saben cómo resolver las ecuaciones psicológicas planteadas por los chicos. Han intentado diferentes cosas, nada da resultado y se sienten impotentes.

La mayoría de las veces, éstos padres tienen sus propias ¡deas de cómo debe ser la adolescencia. Estas ideas se fueron creando a partir de su propia adolescencia. Recuerdan sus necesidades de libertad, de sentirse grandes, de tomar decisiones, recuerdan sus enojos por las prohibiciones que sus propios padres les pusieron, etc.

Ahora que son padres quieren darles la libertad que ellos no tuvieron. Tienen un montón de respuestas a problemas que pensaron antes que sus hijos llegaran a ser adolescentes. Respuestas de otros tiempos.

Les propongo que reflexionemos juntos acerca de estos temas. Las épocas han cambiado y mucho. Así como en los últimos años se destruyó el muro de Berlín, así como los chinos comercian con todo el mundo desde la caída de Mao, así como ya no existe la guerra fría entre los rusos y los norteamericanos, así también la vida de todos los días ha cambiado.

En todas las grandes ciudades del mundo, el estilo de la moda y las costumbres de todos los jóvenes tienden a parecerse.

Hace 30 años los padres les hablaban a sus hijos del trabajo, del estudio, de la honestidad. Contaban historias de la llegada de los abuelos a la Argentina, a ¡América! Venían de la guerra, de la pobreza, de la persecución. Buscaban trabajo y dignidad.

Era doloroso dejar su tierra, sus familiares, pero era necesario, todos “ponían el pecho a las dificultades”.

Quizá sea éste uno de los motivos que hicieron tan importante a la familia como institución social. La soledad y la necesidad de unirse constituyó la base de “la familia siempre primero”. Los hijos sentían deseos de estar cerca de sus padres, los admiraban, los respetaban y en algunos casos… les temían. Era un orgullo trabajar con el “viejo”, hablar con él, escuchar sus relatos.

Pero también esos inmigrantes eran temerosos de los cambios, otras veces muy duros, con poca actitud para el diálogo. Con principios tan firmes que no aceptaban modificaciones.

Estos hijos crecieron entre dos sensaciones muy fuertes: la de la ética y el deber por un lado, y la falta de diálogo y de libertad por el otro. Se prometieron que al crecer y tener sus propios hijos hablarían más con ellos, les darían más independencia. Les enseñarían a disfrutar y a divertirse. “La vida no es solamente trabajo y esfuerzo”, pensaron.

Y llegaron a ser padres, fueron educando a sus hijos, tratando de que fueran libres. Hasta aquí todo parece bien, simplemente una manera distinta de ver y de enseñar la vida. Pero se olvidaron de algo importante: ocurrió que ellos llegaron a reaccionar ante las imposiciones, la falta de libertad, alrededor de los 16 o 18 años, cuando ya estaban formados como personas, cuando ya habían sido educados dentro de ciertos límites, a veces asfixiantes; pero sus hijos no tuvieron aquellos límites.

Los jóvenes de hoy en día, desde chicos tienen socialmente más estímulos, conocen muchas más cosas a través de los medios de comunicación, en las escuelas se habla de temas que antes eran prohibidos.

Todas estas cosas los motiva a tener más curiosidad acerca de los diferentes temas de la vida, los ayuda a tener más información y conocimiento, pero… ¿basta esto para que puedan crecer? Yo pienso que no. Para poder utilizar toda esta información, y todas estas posibilidades, deben tener un orden objetivo, metas y formas de llegar a cumplirlas. Y ésta es la gran tarea que muy pocos padres realizan en la actualidad.

Junto al diálogo y al placer, los padres debemos ayudarlos también con el orden y las metas, a través de pequeños trabajos en la casa, como sacar la basura, cortar el pasto, colaborar con la mesa. Debemos revalorizar los esfuerzos, la solidaridad con los demás.

Los padres debemos pensar cómo estamos educando a nuestros hijos. Tenemos el derecho y la obligación de dirigirlos hasta que ellos demuestren su capacidad de hacerlo por sí mismos.

La vida no es sólo tirar el muro de Berlín o terminar con la guerra fría, es también construir, edificar puentes de comunicación y de desarrollo; pero los tenemos que hacer juntos.

  • 3 comentarios

3 comentarios to “La caida del muro de Berlin y la nueva generacion”

  1. Telefono Espiael 27 jul 2011 a las 17:42 pm

    Muy buén artículo, todo aquello se ha perdido, ahora, con la crisis, se esta volviendo a respetar a unos viejos (padres) a los que se vuelve a necesitar…

  2. javierel 01 ago 2011 a las 14:23 pm

    la vida tiene ciclos, vacas flacas y vacas gordas, esperemos que las cosas mejoren,pongamos cada uno un granito de arena gracias por escribir javier

  3. javierel 20 sep 2011 a las 13:25 pm

    gracias por el comentario cariños javier

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