La Adolescencia: Buscar hacia adentro
Articulo publicado en la revista Vida Feliz
Si queremos vivir con intensidad los cambios en la vida debemos mirar hacia dentro de nosotros mismos. La educación escolar les enseña a los chicos Historia, Geografía, Lengua, etc. No son muchos los colegios en los que se trabaja en la formación de la personalidad. La personalidad es un valor que nos convierte a cada uno en únicos e irrepetibles, como decía Martín Buber; nos define en cada cosa que realizamos. Es por esto que debería ser tenida más en cuenta, en particular en la adolescencia, época cuando nos terminamos de formar. Para poder saber quién soy, de dónde vengo y hacia dónde me dirijo, debo estar preparado para re-conocerme en cada uno de los momentos de mi existencia. Esta posibilidad se nos brinda si somos capaces de ver nuestros sentimientos y a través de ellos nuestro camino ya transitado. La formación académica, con sus materias, con sus deportes, nos enseña cómo resolver y enfrentar los problemas que los psicólogos llamamos externos; pero, ¿cómo resolver los internos? Los grandes cambios en la adolescencia son muy variados. Para enfrentarlos, el joven busca diferentes caminos: encerrarse en su habitación, no mantener diálogo con nadie que lo cuestione o que lo conecte con su sentir. La acción es otro de los rumbos posibles cuando los sentimientos son muy fuertes; y si el manejo de los riesgos no es el adecuado, se puede volver peligrosa. Deberíamos entrenar desde pequeños a los chicos en el manejo adecuado de sus sentimientos. En general, cuando como padres queremos relacionarnos con nuestros hijos, les preguntamos: “¿Cómo te fue en el colegio?”, “¿Qué hiciste”? Nos cuesta preguntar “cómo te sentiste”; hablar acerca de “te quiero”, “me enojé” o “te extrañé”. Los adultos hemos perdido la costumbre de hablar de nuestros sentimientos, a tal punto que nos quedamos admirados de una escena de relación afectiva entre padre e hijo; y esto la TV lo sabe explotar muy bien. Una vez, no hace mucho tiempo, un paciente me decía en el consultorio: “Las personas de 40 años como yo hablamos con los amigos de nuestros proyectos, de deportes, de economía, pero nunca de lo que sentimos los unos de los otros”. Un joven con capacidad de expresar sus sentimientos mediante el diálogo con sus seres queridos, está más a salvo de los peligros de la acción desenfrenada. Ayudar a crecer a nuestros hijos es permitirles que nos comuniquen sus sentimientos de manera respetuosa, aunque algunas veces lo que sientan no nos guste. Permitámonos que el amor se exprese en un abrazo; que el desencuentro, en una conversación; que el enojo, en una palabra aclaratoria.
- Sin comentarios