Javier M. Huberman

Hijos adolescentes del divorcio

Articulo publicado en la revista Vida Feliz

Con mucha frecuencia recibo en mi consultorio a adolescentes con problemas de estudio o de conducta en su escuela. Al tener la primera entrevista, escucho de ellos: “Para mí hay un antes y un después del divorcio de mis padres. Ya no es lo mismo”.

La crisis del divorcio no comienza con la separación. Debemos señalar cuatro etapas: la primera, previa a la separación, se caracteriza por una convivencia problemática, que en algunas familias se presenta con grandes discusiones acompañadas en ocasiones con violencia física y verbal, y que en otras familias se expresa con largos e hirientes silencios y absoluta ausencia de diálogo. La segunda etapa, la separación propiamente dicha, ocurre cuando uno de los dos se va de la casa; generalmente es el hombre. La tercera, la definitiva, se expresa cuando comienzan a hacerse los trámites legales y la separación de los bienes materiales. Y la última etapa, que no se da en todos lo casos, se caracteriza por la formación de otra familia por parte de uno o de los dos miembros de la ex pareja. Si esta nueva pareja a su vez tiene hijos de un matrimonio anterior se produce una especie de superposición en la convivencia con los hijos del otro miembro de la pareja. A este tipo de familia, los psicólogos la denominamos “familias ensambladas”. Este será tema para otra sección.

Son demasiadas sensaciones e ideas las que pasan por los jóvenes en todas estas historias. Para los hijos, a causa de esta etapa normal de la vida, todo está en cambio. Sus afectos, su cuerpo, en pleno despertar de la sexualidad, y todo su desarrollo psicológico, que conduce a cambios bruscos y rápidos tanto en la rutina como en los hábitos sociales, expresan cierta crisis de identidad, que de acuerdo a los casos es más o menos profunda.


Cuando eran pequeños, hasta no hace mucho tiempo, sus padres eran personas a quienes admiraban, incluso idealizaban, por su solidez y madurez. Querían pasar mucho tiempo con ellos. Cuando fueron creciendo, ya con 10 u 11 años, comenzaron a verles defectos, a criticarlos y a juzgarlos, cuando no a condenarlos. Cuando colocamos a alguien en un pedestal muy alto, la caída es más estrepitosa.


Pero el adolescente siente y vive que todo es transformación y cambio, y quiere, mejor dicho exige, que la familia no cambie, que permanezca siempre igual.


En el proceso de divorcio, las tensiones crecen, los padres no pueden tolerar muchas exigencias ni frustraciones. Se sienten deprimidos, susceptibles, quieren estar solos o, por el contrario, se aferran a los hijos y no pueden soportar estar lejos de ellos.


El joven no perdona. Se enoja con las circunstancias que tiene que vivir. Se enoja con la escuela, con las normas, con los profesores, maestros y con los padres. Se conjugan dos crisis vitales al mismo tiempo: la del adolescente y la de los padres. La situación se vuelve insoportable para ambos.


¿Con quién vivir? ¿En qué casa? Se produce una tremenda tensión moral: irse con el fuerte o quedarse a amparar al débil; con el que dé más o con el que necesita más. Tener 15 o 17 años y la responsabilidad de responder a todas estas exigencias a la vez, es muy difícil. Cómo no confundirse, no angustiarse, no tener problemas. Esa es la razón por la que eligen quedarse con los amigos en la escuela o encerrarse en el cuarto, para no participar de la vida familiar, porque todo allí es conflicto.


Ninguna pareja puede programar cuándo separarse ni siquiera puede disminuir el dolor en plena crisis, pero hay algo a lo que las invito: Velar por el dolor del adolescente, pensar en el difícil momento que está viviendo; reflexionar acerca del lugar crítico, no deseado ni buscado, del hijo adolescente.


Si nos toca pasar por una situación de separación, hay algunas cosas que debemos considerar: El adolescente sufre aunque no siempre lo demuestre. Tiene confusión acerca de qué lugar tomar. Prefiere evitar los problemas. No puede elegir sin dolor con quien quedarse. Siente enojo, decepción e inseguridad. Ve la separación sólo como una pérdida. Ve a sus padres sólo como personajes egoístas, que sólo piensan en sí mismos. Habitualmente se resiente su escolaridad, su salud o su conducta. Más que en ningún momento de su vida necesitan afecto, comprensión y protección.


Perder la pareja es algo muy doloroso; pero si la hemos perdido, no perdamos a nuestros hijos. No nos perdamos como padres.


  • 4 comentarios

4 comentarios to “Hijos adolescentes del divorcio”

  1. javierel 10 mar 2011 a las 11:30 am

    maria si uno hace las cosas bien el tiempo te demostrara que llega la reparacion, no pelees y mantente en comunicacion al menos telefonicamente, no reproches, habla hacele saber de tu amor y de tu deseo de retomar el vinculo suerte, bendiciones javier

  2. alejandroel 11 may 2011 a las 11:37 am

    REALMENTE NO TIENEN UNA IDEA DE LO QUE SUFRE UNA PERSONA EN EL DIVORCIO Y MAS CUANDO LA DESICION NO LA TOMAS TU SUFRE MAS EL QUE MAS AMA PERO REALMENTE LOS HIJOS DEL DIVORCIO SON TAN DEVILES POR QUE LAS PERSONAS TIENEN QUE TOMAR DESICIONES DIFICILES PARA SITUACIONES FACILES ESTOY DE ACUERDO QUE EXISTEN MATRIMONIOS REALMENTE CONFLICTIVOS PERO HAY OTROS DONDE NUNCA SE DEVIO DARSE EL DIVORCIO Y LOS UNICOS QUE PAGARAN LOS ERRORES SON LOS HIJOS UNA NUEVA RAZA DE SERES MUTANTES HIJOS DEL DIVORCIO DONDE LES CUESTA TANTO TRABAJO CREER EN EL AMOR O QUERER TENER HIJOS EN FIN LA VIDA LA VIDA

  3. javierel 01 ago 2011 a las 14:22 pm

    cada situacion es un mundo y no es posible hacer generalizaciones, no hay duda que hay algunas situaciones donde se sufre y se sufre mucho, espero que puedas resolver tu situacion que dios te acompañe te cuide y te de sabiduria y paciencia cariños javioer

  4. javierel 20 sep 2011 a las 13:28 pm

    cada situacion es distinta, generalizar siempre es injusto, la vida no es facil para nadie y aveces las decisiones son correctas y otras son equivocadas, que dificil que es! gracias por tu comentario cariños javier

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